Basura plástica, la reina asesina de los mares

 El plástico que consumimos mata animales en todo el planeta por ingesta, toxicidad, desnutrición, asfixia o atrapamientos

 

Quién no tiene grabado en la memoria esa tortuga marina sufriendo con una pajita de plástico incrustada en su nariz, o ese albatros protagonista del famoso documental  “Albatross”, de Chris Jordan,  alimentando a sus polluelos con objetos de plástico que confunden con comida, o esa ballena en cuya autopsia se encontraron, nada más y nada menos que, 40 kilos de plásticos causantes de su agónica muerte.

Estos son sólo algunos pocos ejemplos de las nefastas consecuencias que la sobreproducción y el consumo masivo de plásticos están causando, y no sólo en muchos animales que habitan en nuestros océanos sino, claro está, en animales terrestres que viven de éstos. Consecuencias que tarde o temprano también nos afectan a nosotros mismos.

Los datos que hasta ahora se tienen- aunque se sabe que están por muy por debajo de la realidad- informan que cada año mueren más de 100.000 mamíferos marinos y alrededor de un millón de aves a causa del plástico. Se estima que unas 700 especies de animales marinos de todo tipo, han comido o se han visto atrapados en materiales plásticos, y que de continuar esta situación, para 2050 casi todas las especies marinas incluirán plásticos en su dieta.

“Cada año mueren más de 100.000 mamíferos marinos y alrededor de un millón de aves a causa del plástico”

 

Muchos animales están confundiendo plásticos con comida.

Las tortugas se comen bolsas de plástico porque creen que son medusas con consecuencias fatales para su salud, como graves obstrucciones intestinales, úlceras sangrantes, perforaciones de estómago, etc. dando como resultado una muerte lenta y dolorosa.

 

Más de la mitad de las especies de ballenas y delfines han ingerido plástico, según un informe de Greenpeace Colombia, con el mismo destino.

Gran cantidad de patos marinos, buzos, pingüinos, albatros, petreles, pelícanos, gaviotas, golondrinas de mar se han encontrado muertas con sus estómagos llenos de plásticos.

Y muchos peces acaban comiendo plásticos que huelen a comida cuando se cubren de algas y es imposible distinguirlos.

Para todos estos animales, la ingestión de plástico se traduce en una desnutrición lenta, crónica e implacable, y lo más triste es que ellos creen que se están alimentando y que están alimentando a sus crías, al sentirse saciados, pero, la realidad es que  no se están nutriendo y mueren por desnutrición, toxicidad o atragantamientos.

 

Objetos y restos de plásticos producen atrapamientos, enredos y  asfixias en otros muchos animales

En otros casos, los animales sufren atrapamientos en restos de plásticos de los cuales, en muchas ocasiones, no se pueden desprender lo que lleva a su muerte por asfixia, o al no poder moverse en busca de alimento.

 

 

Otros, se ven condenados a pasar quizá toda su vida enredados en un objeto que permanentemente está dañando su cuerpo. Famosa es la tortuga cuyo caparazón se desarrolló en forma de “ocho”, tras pasar años ceñida por el fuerte plástico de los aros que se utilizan para unir los packs de latas de refrescos.

Investigaciones de Greenpeace y de otras instituciones para el estudio y conservación del medio marino, afirman que los atrapamientos en basuras marinas suponen una de las causas principales de muerte de la ballena del ártico, al igual que de otras muchas especies como tiburones, lobos marinos, delfines, tortugas, etc. cuyas poblaciones se han visto preocupantemente disminuidas en las últimas décadas a causa de la contaminación plástica.

 

LA BASURA NO NACE EN EL MAR

¡Evidentemente no! La ingente cantidad de materiales plásticos que flotan, se descomponen y forman ya parte de cada rincón de nuestros océanos es resultado de la actividad humana terrestre.

La dependencia cultural de la humanidad al plástico, y la falta de concienciación sobre el ciclo de vida de este material, ha generado que en sólo la última década se haya producido más plástico que en todo el siglo pasado.

Así, actualmente alrededor de 13.000.000 de toneladas de plásticos se filtran al océano cada año. Y es que se estima que sólo un 20% de todo el plástico que se consume se recicla o se incinera. El 80% restante termina en vertederos y de ahí , gran cantidad se cuela al medio ambiente a través de ríos, por vientos, o simplemente porque es arrojado de forma indiscriminada al no existir una infraestructura suficiente para su correcta gestión.

Pero lo más trágico del plástico es que no desaparece. Una vez que los objetos de plástico llegan al medio marino tardan hasta miles de años en degradarse, y durante todo ese tiempo pueden provocar daños y muerte de diversas formas, y a muy diferentes niveles.

Y es que debido a la tremenda resistencia de este material, un mismo objeto puede matar más de una vez. Los cadáveres que han muerto por su causa se pudren y desaparecen, pero el objeto perdura y puede volver a atrapar a otro animal, y por supuesto, puede seguir contaminando día tras día, año tras año.

Además, los plásticos que se encuentran a la deriva en la superficie del océano son sólo la punta del iceberg  y, de hecho, representan menos del 15% de toda la materia plástica que hay en el mar.

Por ello, ya no sólo se puede hablar de islas flotantes de residuos, sino más bien de zonas en las que se concentran, en una especie de sopa, alrededor de  cien millones de toneladas de materia plástica en suspensión. Una sopa de microplástico que representa una de las mayores amenazas a la que se enfrenta hoy en día el planeta.

 

EL PLÁSTICO YA FORMA PARTE DE LA BASE DE LA CADENA ALIMENTARIA MUNDIAL

A medida que la materia plástica se van degradando, convirtiéndose en trozos cada vez más pequeños (microplásticos), entra, irremediablemente,  a formar parte del alimento de los animales y peces más pequeños, que a su vez serán la comida de otros mayores,  éstos de otros, y así sucesivamente. De esta manera, es como el plástico acaba integrándose en la cadena alimentaria global, cadena que sin duda se extiende hasta nosotros al consumir productos del mar.

“El microplástico forma parte de la alimentación de los seres que componen el plancton marino, el cual es la base de toda la cadena alimenticia de los océanos”

Es más, el plástico es capaz de degradarse tanto antes de desaparecer, que no sólo entra en nuestra cadena alimenticia -lo cual ya es bastante grave- sino que incluso, forma parte del agua que se evapora de los océanos por efecto del calor y que constituye las nubes, desde las cuales, al llover, acaba extendiéndose por todo el planeta, microcontaminando, tierra, agua, aire y suelos.

Los microplásticos están incluso presentes en la mayor parte de la sal de mesa que habitualmente consumimos.

“Los microplásticos, están incluso presentes en la mayor parte de la sal de mesa que habitualmente consumimos”

Y es que todo lo que arrojamos al mar, tarde o temprano vuelve a nuestra vida, y en muchos casos a nuestra alimentación, con nocivas consecuencias para nuestra salud.

 

Pero todavía hay más…

EL PLÁSTICO TIENE VIDA PROPIA, Y NO PRECISAMENTE BUENA

Recientemente se ha descubierto un nuevo peligro asociado a los residuos plásticos y que ha permanecido invisible hasta ahora,  “La plastifera”,  término acuñado por la bióloga marina estadounidense Linda Amaral para referirse a la vida que se desarrolla en la superficie de los plásticos que permanecen en contacto con el agua.

Científicos  de la Asociación de Educación Marina (SEA), el Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI) y el Laboratorio de Biología Marina (MBL), han descubierto que en la superficie de los residuos plásticos se crea y vive una capa de microorganismos que presentan una amenaza potencial de enfermedades en animales acuáticos y humanos.

Estas investigaciones han confirmado al menos 1000 tipos distintos de microorganismos y bacterias que se desarrollan en materiales plásticos en contacto con el agua, y afirman que constituyen un nuevo ecosistema que está cambiando la naturaleza esencial del medio acuático, y cuyas repercusiones son todavía desconocidas.

Este descubrimiento relativamente reciente, advierte de que la peligrosidad del plástico va mucho más allá de lo que hasta ahora pensábamos. Ya no sólo se trata de los daños más visibles que genera la basura plástica en el océano, sino que el plástico que se acumula en el medio acuático – y no sólo en el marino- es capaz de atraer sustancias de las cuales se nutren dichos microorganismos, que de otra manera no podrían hacerlo.

De esta forma, estas bacterias, han encontrado un medio para poder desarrollarse en el océano. Han encontrado en el plástico un nuevo hábitat, uno que en el mar, hasta hace poco no existía y que muy probablemente influirá en el resto de los hábitats marinos, aunque todavía se desconoce cómo, ni cuánto.

 

CONTAMINACIÓN O VIDA. ES HORA DE ELEGIR

Aunque, probablemente, muchas de las consecuencias que nos acarreará la plaga plástica en un futuro, ni siquiera se vislumbran, lo cierto es que, de seguir así, la degradación de los ecosistemas marinos se asume como imparable, con las serias repercusiones planetarias que eso conllevaría.

Entre otras cosas, los océanos nos alimentan, regulan nuestro clima y generan la mayor parte del oxígeno que respiramos, y su destrucción causaría un impacto irreversible para todas las especies, por supuesto, entre ellas la humana.

Es por ello que, este lunes, como todos los 8 de junio desde hace 12 años se celebrara el Día Mundial de los Océanos, con el propósito de concienciar, movilizar, sensibilizar y tomar decisiones sobre la acuciante necesidad de cuidar nuestros mares, ante las graves amenazas a las que desde hace tiempo  se están enfrentando.

Derrames de petróleo,  residuos tóxicos, vertidos ilegales, químicos industriales y plásticos son los principales causantes de todos estos problemas, y todos ellos están provocados por la actividad humana, por nuestra forma de consumir y de vivir. 

La degradación de nuestros mares es imparable, y el cambio es más urgente que nunca

Precisamente este 8 de junio del 2020, el tema del Día Mundial de los Océanos es: “Innovación para un océano sostenible”, innovación relacionada con la introducción de nuevos métodos, ideas o productos capaces de contrarrestar esta catástrofe medioambiental que, entre todos, estamos generando.

El propósito de este Día -previo a la Decenio de las Naciones Unidas de Ciencias del Océano para el Desarrollo Sostenible, que se ejecutará desde 2021 a 2030- es concienciar a la opinión pública sobre las consecuencias que la actividad humana tiene para los océanos, y  poner en marcha un movimiento mundial ciudadano a favor del cuidado de esta parte esencial de la Biosfera.

En este día se insta a gobiernos, instituciones, empresas y a toda la humanidad a llevar a cabo cambios urgentes que permitan frenar esta contaminación medioambiental que está poniendo en serio riesgo la salud global del planeta.

En dichos cambios las acciones individuales tienen un gran e importante impacto, porque repercuten directamente en el medio ambiente, e influyen de manera decisiva en el conjunto de la sociedad, en la industria y en los gobiernos.

El cambio ha de venir fundamentalmente desde las acciones individuales

Banbu  Zero Waste  ha nacido bajo este compromiso. El compromiso de vivir, trabajar y actuar de una forma diferente. El compromiso de utilizar y crear productos ausentes de plásticos. El compromiso de innovar con productos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, todo para ayudar a que el cambio sea posible.

Nuestra filosofía se basa en reducir el volumen de residuos al máximo, por eso empleamos y creamos productos con materiales lo más sostenibles y biodegradables posible, teniendo en cuenta desde su origen, su producción y elaboración, hasta su destino final.

Todos nuestros productos están destinados a sustituir a otros que normalmente se fabrican en plástico o contienen plástico, u otros materiales de difícil degradación, así como para sustituir a productos que en su producción se emplean sustancias o métodos nocivos para el medio ambiente o para los animales.

Por eso en nuestros productos cosméticos no hay químicos tóxicos, ni provienen de plantaciones en las que se empleen plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos contaminantes que desde las plantaciones también terminan aguas de ríos y mares acabando con la vida vegetal y animal.

Y todo esto lo hacemos porque además de necesario, es posible y sencillo. El cambio urgente que puede salvar el planeta es sencillo si todos nos lo proponemos, porque sabemos que “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

¿Te unes a nosotros?